Drive y Ryan Gosling: acelerando en cámara lenta
Es una historia de antihéroes contra villanos en donde todos los personajes tienen algo que perder (y lo pierden) en una realidad que se muestra muy verosímil en tanto que es cruda, agridulce e imparable. El hecho de que la película tome su tiempo para desarrollar a los personajes no la hace menos interesante. Cuando llegan las escenas de acción estamos totalmente hundidos en la trama. Lo esporádico de la violencia la hace mucho más impactante que si viéramos sangre desde el principio. Por supuesto, no estamos frente a una típica película “de tiros y persecuciones” digna de Vin Diesel , por más que los tenga en impactantes dosis. Lo cierto es que Drive no deja de ser cine de entretenimiento, sin embargo, se esfuerza en ser elegante y trascendente.
Conjuga en partes iguales escenas suaves con otras extremadamente violentas. Pasa del romanticismo silencioso a la violencia sin escalas, cuando menos te lo esperas. Esto le da ritmo a la película y consigue emocionar, aunque no sea particularmente emocionante, y tensar a la vez. Pero lo más importante, consigue sorprender. ¿Hay violencia? Sí, la hay, pero no en exceso. Eso sí, la que hay es brutal, aunque no del todo explícita, porque no te obliga a apartar la vista de la pantalla. Sin dudas, es un espectáculo hipnótico, crudo y de una calidad excelente que merece ser visto.

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