Llegó la hora de decir ¡basta!

A veces, los demás te dicen "saltá"...y vos cumplís como un canguro. ¿Te hace feliz ceder en todo? Seguramente, no. Después de decir sí a todo, tu disposición a cumplir con los deseos ajenos termina por desgastarse y hace que te sientas como una esclava. ¿Sos la típica compañera fiel, novia comprensiva o amiga incondicional? Entonces, ya lo sabés: demasiada amabilidad puede volverse en contra. Para frenar los excesos del entorno, la naturaleza nos dio codos...

Basta de complacer en la facu
Parece obvio, pero vale la pena repetirlo: una exagerada amabilidad no es sinónimo de compañerismo. Lo paradójico es que, cuanto más te empeñás en agradar, más te exigen, y (al revés de lo que creés) cuando ponés limites claros, más te respetan. Por ejemplo, una cosa es que tus compañeros necesiten de tu ayuda de vez en cuando fuera del horario facultativo, y otra muy distinta, es que todos crean que te pueden pedir cualquier cosa en cualquier momento, inclusive en tu tiempo libre."La gente demasiado complaciente no suele ser muy exitosa: complacer es más reactivo que proactivo" me dijo una licenciada en RRHH de una empresa, digamos, importante. Si vos no reconocés tu propio valor, es difícil que los demás lo hagan.

Basta de complacer en el amor
"Es cierto que complacerte no fue más que perder mi tiempo" dice Ale Sergi en un tema de Miranda...pfff, y hay mucho de verdad en esto. Especialmente para las mujeres, porque la necesidad de agradar es casi una constante femenina. Esta tendencia es cultural: muchas fuimos educadas para complacer y nos cuesta decir que no. En el fondo, tenemos miedo de que nos abandonen o nos rechacen. ¿Qué hacer? A lo sumo, ponerte de acuerdo con tu hombre y establecer reglas básicas para definir qué es aceptable y qué no. Así, tal vez, no sólo te vas a ganar el respeto de tu chico...sino el propio (indispensable si querés que los demás te respeten). La buena noticia es que los varones aceptan límites mucho más de lo que creés...sobre todo, si los ponés al principio. Y no tiene por qué ser de manera agresiva. Traducido: si estás mal por la actitud de tu hombre, es mucho más efectivo un simple: "mirá, hoy no siento ganas de verte porque tal cosa que hiciste me molestó", que aceptar su invitación y darle un discurso de media hora sobre todo lo que te molesta de él.

Basta de complacer a tus amigas
Todas tuvimos (o tenemos) amigas que pretenden alquilar nuestra oreja por tiempo completo o que no tienen problema en pedir todo tipo de favores. Si tenés el "sí" fácil van a seguir demandándote cosas. No pidas el milagro, generálo vos. ¿Cómo? Basta con pronunciar estas palabras mágicas: "Tengo que hablarte de algo muy importante para mí, y necesito toda tu atención". Y a la hora decir grandes verdades, no dudes en recurrir al humor. Puede que tus amigas no sean muy receptivas al principio, pero lo más probable es que lo terminen aceptando. ¿Lo peor que puede pasarte? Que pierdas algunas amigas en el camino...o indentifiques a las que nunca lo fueron. Lo mejor: que empieces a relacionarte con gente que te considera...de verdad.

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